Érase una vez la historia de un técnico vallecaucano que imponía en sus dirigidos la filosofía de juego de la tierra: Velocidad, apertura del campo, vértigo, agresividad, efectividad. Esto lo llevó a la dirección de selecciones juveniles y obtuvo los primeros resultados favorables. Pronto, cuando su trabajo se vuelve notorio, empiezan a llegar los empresarios para cambiar los criterios de selección. Una vez es elegido director técnico del plantel definitivo, son los periodistas y directivos amigos de la rosca paisa quienes terminan de acabar con una carrera que había empezado bien. Lo que alguna vez prometió, terminó en "perder es ganar un poco", "tenencia del balón", "sensibilidad", "achique y agrande" y el nefasto "quinto volante invisible".