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Un exclásico Verdiblanco (Parte 1)

 

Por razones de seguridad, la Gerencia General del Glorioso Deportivo Cali ha decidido que el ingreso para el próximo exclásico entre Azucareros y Delincuentes, sea exclusivo para los hinchas Verdiblancos. El control policial de las barras bravas, dado el cierre de las tribunas populares, es complicado y la gendarmería no se compromete con la seguridad de tan promocionado espectáculo.

Las reacciones no se harán esperar. Muchos hinchas verdiblancos aún consideran que este es el mismo clásico que verdes y rojos jugaban antes de 1977. Todavía creen que la Delincuencia es un equipo del Valle del Cauca y que representa a todas las instancias de la vallecaucanidad. Los tiempos son otros y hay que empezar a entender varias cosas.

El otrora clásico carece de sustancia. En el Deportivo Cali, el sentimiento general ha cambiado, el hincha no acompaña porque las barras bravas le han dado un tinte de violencia a los partidos que, como consecuencia, alejó por completo a la familia vallecaucana. También hay que decir que la sociedad caleña segrega a los rojos. Su oscuro pasado de narcotráfico y testaferrato, bien visto en la década de los ochentas, no tiene el mismo "prestigio". El verdiblanco prefiere no inmiscuirse con personas de dudosa reputación. Eso se ve claramente en el Segundo Piso de Occidental. Algunos socios, alejados de los estadios por múltiples razones, regalan sus boletas al empleado hincha de la Delincuencia.  Es entonces cuando al ingresar a Segundo Piso se observa una fauna roja  con la que el socio de antaño no quiere absolutamente nada. Se forma un círculo vicioso que sigue alejando aún más al socio de Segudo Piso.  Cabe agregar que - como siempre se repite en la Cultura Alternativa - el caleño raizal no le paga un peso a la Delincuencia, cuando es suya la taquilla del exclásico.

El plantel de jugadores también le pone su granito de arena a la situación. A pesar de la avasalladora ventaja del Glorioso sobre la Delincuencia, los jugadores del Cali ya no sienten este partido como un clásico. No corren, juegan con displicencia y ven al contrario por encima del hombro. Esta actitud poco profesional le ha causado varias verguenzas al Superdépor. Aunque la superioridad del Cali es indiscutida (muy cercana la victoria 100), y la pequeñez de la Delincuencia tan minúscula, no se compadece que el plantel sea tan falto de profesionalismo. Por más pequeño que sea el rival, siempre habrá que jugar respetando a la institución Verdiblanca y su hinchada, así la que esté al frente sea la misma Delincuencia.

La  DIMAYOR también tiene gran parte de la culpa el asunto. Los clásicos se volvieron comunes. El partido se juega mucho, por semestre se pueden dar hasta 8 encuentros. La expectativa se pierde. En otras latitudes esta expectativa se respeta. Boca y River se ven las caras si acaso dos veces en el año; Real Madrid y Barcelona igual. Y todo se debe a que la "jornada de clásicos" en el FPC es clave para los ingresos de los equipos, especialmente los chicos, y por ahí se empiezan a equivocar los dirigentes de la DIMAYOR.

La Delincuencia no es la misma mechita de antes. Es un trapo desteñido, desdibujado y señalado por su compinchería con la tragedia que le quitó identidad a la ciudad (el narcotráfico). Ya ni siquiera tienen seguidores fuertes en Cali, la densidad de fanáticos se encuentra en Bogotá. Ahora, perseguidos justamente por la ley (Lista Clinton), presentan a un equipo pobre en figuras y que no juega a nada. Este año deambulan el país en busca de un estadio donde jugar; su sede "campestre" está a la venta. En la cultura del hincha verdiblanco (no así en la cancha) dan pesar. Por eso los fanáticos azucareros sienten que es mejor sacarlos de su desgracia y enviarlos a la B.

Un sector de los azucareros piensa que mientras la Delincuencia esté así, no será beneficioso para el Cali. Que lo mejor sería una Delincuencia fuerte. Una falacia ya suficientemente comprobada. Cuando la Delincuencia se robó el último título, no hubo ningún tipo de reacción en las huestes verdiblancas. No pasó nada. Los destinos de ambas escuadras van por su propio camino y cuando se encuentran, el camino sigue igual y las instituciones, siguen igual.

Sin embargo, todavía hay una sensación de revancha en el corazón de los azucareros. Los hurtos de la Delincuencia fueron demasiados, la violencia y la trampa que ocasionaron en el fútbol marcaron una época oscura, la más oscura de la historia del FPC. Dañó por completo una sociedad que se destacaba por su civismo y honestidad. Fueron complices de la mancha casi que indeleble que sufrieron los caleños de bien por tantos años. Por el honor de la ciudad y el departamento es que todavía se siente un aire fresco cada vez que el Glorioso vence a la corrupción y trampa enmarcadas en ese escudo diabólico.

El primer paso se dará el fin de semana. La escición entre verdiblancos y rojos ya empezó. Igual, el Universo Azucarero no extraña  al rojo corrupto. El exclásico se puede dejar de jugar y el mundo seguirá como si nada, o incluso, mejor.


Temas propuestos

 
1. ¿Mejor sin los rojos en el estadio?

2. ¿El exclásico ha perdido sustancia? ¿Por qué?



Obelisco

 

Imágenes cortesía de caliescali.com, elespectador.com y sportige.com.

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