El Deportivo Cali está de vacaciones. La época precisa para la especulación. La hinchada se concentra en los nombres que llegan y salen de Pance y si se está conformando un equipo con jugadores de categoría. Las emociones no brotan de los goles en el estadio sino de las nuevas contrataciones que llegan con pergaminos a la Sede Campestre. El próximo año empezará para muchos con esperanzas renovadas. El círculo de la vida verdiblanca de los últimos 20 ó 30 años nuevamente se cierra.
Produce tristeza que este fracaso estuviera tan cantado. No se necesitaba ir hasta el oráculo de Delfos para saber que a punta de sancocho e improvisación es difícil salir adelante. También es evidente que se cometen los mismos errores de administraciones pasadas, sumados a los nuevos, de propia inventiva de los actuales directivos.
El año empezó con un nuevo Comité Ejecutivo. Hebert Celín ya había dado muestras de lo perdido que estaba. Su primer error fue uno que ya había cometido Otoya: anunciar a un jugador sin que pisara Pance. Celín anunció a Fano, Otoya a Bevaqcua y Silva. Después, el actual Comité Ejucutivo minó aún más la confianza de la afición. Con la "contratación" del gaucho Gonzalo Cabrera sólo se puede creer que un jugador está con el Cali hasta que juega un partido oficial o se lesiona en un amistoso; ya ni verlo en Pance con la casaca verdiblanca puesta es suficiente.
Realmente hay una situación previa a la mencionada. La administración de Celín y la de Otoya fueron elegidas no para empezar algo coherente y con un plan estructurado sino para abortar la continuidad de los que venían. En el primer caso el paternalismo nefasto, los sindicatos y humillaciones de la era Humberto Arias, y la falta de conocimientos y pasión en la de Otoya. Es decir, los socios votaron en contra de unas personas y no a favor de un plan y la capacidad de los directivos para ejecutarlo.
Una vez elegidos, todos hablaron de unidad. Pronto, el Universo Verdiblanco notó la desunión, en particular de la facción de 100% Fútbol, inicialmente considerada la "voz del hincha" en la Junta, y que - como todos saben - no lo es de ninguna manera. Esta vez es Roa, en otras oportunidades fueron Grimberg y Karim Gorayeb los que estuvieron inmiscuidos en rumores de división.
Algo por lo que ambas administraciones se han destacado es por un orgullo enfermizo. Creyeron que se las sabían todas y que manejar un equipo de fútbol era como manejar la empresa de los papás. Otoya se alejó de Humberto Arias y no contempló la posibilidad de aprovechar su experiencia al frente del equipo tantos años, obviamente filtrando lo malo, que fue bastante. Celín y demás, completamente distanciados de la era Otoya. Así, cada administración empezó su periplo con los humos en la cabeza. Celín contrató a Jorge Luis Bernal (ante la negativa de los patrocinadores a aceptar a Umaña). Dejó que un técnico que nunca había dirigido un equipo grande tuviera carta blanca cuando en las arcas no había dinero. De ahí vinieron elementos como Charría, Escobar, García y Pajoy. Sin un plan deportivo, Bernal fracasó en la mitad del torneo dejando al equipo eliminado de la semifinal. Después vendría Cruz, que llevaría al equipo al orden con elementos de poca capacidad individual y por poco hace el milagro. El premio que recibió el nuevo técnico, su destitución por dos partidos perdidos después de que le desarmaran el equipo sin compasión. En la era Otoya ocurrió lo mismo, distanciado por pasajes. Recibieron un equipo campeón y el orgullo pesó más. Decidieron sacar a Pedro Sarmiento de forma vergonzosa y traer un técnico que no daba ninguna garantía y con carta blanca para traer los jugadores que necesitaba (Asencio, Ferreyra, etc.). Obviamente el fracaso fue dramático. No contentos con eso, después contrataron a Carreño que, algo de orden le dio al Cali, pero su fútbol no era del gusto de la afición y pronto perdió credibilidad. Asumió Ricardo Martínez, y durante ese periplo el Cali jugó su mejor fútbol, sin embargo, dada la poca orientación de las directivas, el técnico que nunca habia dirigido en primera sucumbió ante sus propios errores de novato. Cuando menos, Martínez sí clasificó a los octogonales y se vio complicado sólo cuando apareció la mano negra de los árbitros (y la incapacidad del arquero Juan Pablo Ramírez).
Con 3 técnicos en menos de un año (todavía no llega diciembre), el actual Comité Ejecutivo sólo le apunta a la confusión. Se pegan de cualquier cosa para seguir adelante, improvisando por doquier. En las elecciones, el miembro elegido de 100% Fútbol se llenó la boca hablando del fútbol lírico que iba a imponer para atraer la afición al estadio. Censuró el fútbol ordenado de Cruz y prácticamente lo sacó del banco, para poner a Jaime De la Pava. El resultado, un equipo desordenado, irregular y que juega al pelotazo. Algo muy alejado de lo que la retina verdiblanca tolera. Sin embargo, y dado que no tienen objetivos claros, los miembros del Comité se adhieren a resultados intermedios, flojos y poco interpretables. La Copa Colombia, la goleada a la perrera, algunos minutos de buen fútbol. Con esto, aseguran la continuidad de De la Pava y por ende, el fracaso. Otoya procedió en su momento de la misma manera. Dejó todo en manos de José Eugenio "Cheché" Hernández que cimentó el fútbol del Cali en unas cuantas individualidades, y jugando mal casi lo lleva a una final. Otoya le dio la continuidad por esta "gran gesta" y al siguiente semestre "Cheché" eliminó al Cali en el "Todos Contra Todos".
En ambos periodos el Cali ha logrado alguna que otra cosa, clasificaciones a copas internacionales intermedias, se consiguieron unos triunfos abultados, salieron a flote algunas figuras juveniles. Las grandes diferencias entre una adminitración y otra son la identificación del hincha con la orientación moral del Comité (unos que siempre demostraron su prestancia y honestidad y otros que tienen ciertos lazos indirectos con ciertas personas de no muy buena reputación o que simplemente muestran una calidad humana impresentable) y que en la era Otoya se agarró el equipo en una situación económica buena y en la de Celín las finanzas están por el suelo. Porque la actuación de ambos es sorprendentemente similar: la curva de las finanzas es decreciente independientemente del punto de partida, el estadio sigue igual, el mercadeo y comunicación con el hincha son paupérrimos, los errores deportivos son idénticos. De Otoya se rescata la buena camada de inferiores, Celín rescata una Copa Colombia.
Estilos diferentes, tipos de personalidad grupal distintas y deportivamente, el Glorioso Superdépor recorre la misma ruta que lleva al fracaso. La hinchada por lo pronto, a esperar que la suerte favorezca al Único Club porque proceso no hay. ¿O será mejor actuar y pensar en la contra de los Celines, Arias y Otoyas? La afición tiene la palabra.
Temas propuestos
1. ¿Por qué los mismos errores?
2. ¿Vamos por el mismo camino?
3. Comentarios libres sobre la entrada y la actualidad del Deportivo Cali.
Obelisco