Habría que remontarse al primer semestre del segundo ciclo de José Eugenio "Cheché" Hernández para hablar de un Deportivo Cali en finales. En esa oportunidad fue más la calidad técnica de Pablo Martín Batalla la que llevó a pelear hasta la última fecha de cuadrangulares. Después, casi todo fracaso, eliminaciones a granel.
La salvación del Cali ha sido el legado de Rodrigo Otoya y Luis Fernando Ángel: el semillero. Los buenos jugadores que surgieron de la era Otoya, han llevado al Cali a un título de Copa Colombia y a la clasificación en este torneo. Aún contra los presagios de quienes dudaban de un proceso con las fuerzas básicas, los logros son indiscutidos, y sin la sombra de los sindicatos que rondaron desde la presidencia de Humberto Arias, los éxitos pueden ser más a corto y largo plazo. Todo dependerá de las decisiones de los actuales directivos, porque el material humano está listo para llevar al Club a lo más alto.

El presente del Cali dice que debe enfrentar al dueño del torneo y consentido de los árbitros: Atlético Nacional de Medellín. Los favoritos de la "prensa especializada" son los montañeros. Sin embargo, las distancias entre Montañeros y Azucareros no son tan grandes en lo futbolístico y el aficionado panadero de "a pie" lo sabe perfectamente. Individualmente, Nacional es más. Tienen al goleador del torneo en Carlos Rentería; una gran figura en Dorlan "Memín" Pabón; equilibrio con Palomino; y seguridad con Pezzutti o Armani. Por el contrario, el Glorioso no encuentra claridad con "Diegol" Álvarez, que en oportunidades le quema el balón, le cuesta dominarlo, algo que lo distinguía en torneos pasados; el fuerte de "Manga" no es la definición; la creación tiene vacíos con Jonathan Álvarez y Gabriel Fernández; y Centurión... Pero mientras el Nacional depende de sus buenos jugadores y de la aparición de "MacPollo" Torres, el Superdépor tiene su fortaleza en el colectivo. El equipo de Cruz sabe perfectamente qué tiene que hacer en la cancha, todos conocen su rol en el armazón verdiblanco y rara vez pierden la calma. Sí, en ocasiones hay desconcentración, las líneas se retrasan y llega la ansiedad, situación que Cruz ha aprendido a controlar con cambios oportunos, tanto tácticos como nominales.
La dificultad para crear una distancia de goles en el encuentro de ida no es romper las líneas montañeras, eso es completamente posible con el desborde de "Manga" y Candelo, el asunto es la definición, tan inconsistente este semestre. Hay que aprovechar todas las ventajas de una defensa verdolaga endeble y dejar todo definido desde Palmaseca. Porque si existe algo que favorece a los montañeros es su afición, que empuja y cree, le suma a la arenga que el cuerpo técnico dicta en la previa y el entretiempo, y motiva a los jugadores a dar ese plus que marca la diferencia. De la afición del Cali, se pueden escribir tomos completos y sin duda el reclamo que Gabriel Fernández le hace a la hinchada sin mística estaría incluido. Una afición nerviosa, criticona, insegura, que le quita brío al equipo. Un fenómeno que viene ocurriendo desde hace rato ya, el estadio se llena y el equipo pierde. Hasta hoy la explicación era la falta de jerarquía del plantel para asumir la presión en las tribunas, posiblemente la culpa recae más en quienes crean un ambiente perdedor alrededor de los once titulares. Aunque antes sí se podía señalar a la mano negra y el sindicalismo rampante. El punto de partida de esta aura negativa es claro, sólo es cuestión de ubicar el nacimiento del odioso remoquete Deporcasi, otro legado dañino de la era Arias. Afortunadamente, las nuevas generaciones de jugadores están superando la costumbre de perder en momentos complicados - heredada desde el 2000 - pero hasta ahí, porque una parte de la parcial azucarera quedó contaminada por este flagelo. Una oración para que los Auténticos Azucareros puedan por fin quitarle ese vicio maldito al Universo Verdiblanco.

En el encuentro anterior en el Atanasio Girardot, Nacional tomó al Cali despertándose y vacunó pronto. Error que parece corregido ya. Calderón demostró ese día que puede controlar a Rentería con anticipos precisos. Belalcázar es más claro que Palomino y Valencia, y jugará un papel preponderante en la marca de "MacPollo". El que más difícil la tendrá es Quiñónez, con Pabón corriéndole a la espalda "Manga" y Chará deben ayudarlo con los relevos y el escalonamiento. Centurión, un malazo de aquellos, puede tener suerte, así como Fabián Domínguez en la Copa Libertadores del 1999. Hasta los arqueros malos tienen buenas tardes y el paraguayo podría salir figura, más si el asunto llega a los penaltis. Pura fe, no hay para donde más con la portería verdiblanca.
El Comité Ejectivo realizó una buena labor, la gestión para abrir el estadio y retener por esta fecha a los juveniles de la sub20 es para resaltar. Falta, y mucho. El Cali es una empresa y tiene que velar por los intereses de sus asociados que seguramente no estarán de acuerdo con los pactos con la Federación que poco o nada aportan al equipo. La última vez que se llevaron a "Manga" lo devolvieron prácticamente desahuciado. Así no es. Primero está la institución. Lara y el Bolillo se pueden ir a freir espárragos mientras la reglamentación FIFA no obligue al Cali.
La vuelta se podría jugar en Bogotá, no está definida todavía, con serias bajas juveniles, especialmente para el Verdiblanco. La llave es pareja, el árbitro es Lamouroux, que generalmente da algunas garantías. Una clasificación no sorprendería a nadie, hay que hacer un buen trabajo, creer en lo propio, en los Auténticos Azucareros.
Posibles nóminas
Deportivo Cali: Centurión; G Martínez, Calderón, "La Sombra" Mera y Quiñonez; Candelo, Chará, Belalcázar y "Manga"; J Álvarez; D Álvarez.
Atlético Nacional: Pezzutti; Giraldo, Medina, Zapata y Aguilar; Pérez, Palomino y Valencia; MacPollo; Pabón y Rentería.
Miércoles 25 de mayo.
Estadio del Deportivo Cali, 7pm.
Temas propuestos
1. Previa del encuentro: terna arbitral, claves para ganar, nóminas tipo. etc.
Obelisco
Imágenes cortesía de Leyenda.