Por Álex Gorayeb (Q.E.P.D)

Eran aproximadamente las 2:30 de la tarde del primero de octubre de 1950. Hacía dos días había llegado a Colombia y, animado por mi pasión hacia el futbol, fui al Campin de Bogotá a ver un partido de dos equipos, para mi desconocidos. Me acompañaba Alberto Bitar que residía entonces en Bogotá. Ya instalado en las graderías, entró a la cancha un equipo vestido de verde y blanco.