El ciclo está en marcha. Arrancó con un país que no le creía a Bolillo, una nómina supuestamente de lujo, con elementos que por la bulla mediática parecen fuera de serie. El primer partido deja como figura a una mentira, ponderando el resultado por encima del funcionamiento. No había de otra, a la sub23 de Costa Rica con un hombre menos había que ganarle con suficiencia. En el segundo partido hace su aparición el folclor característico. Celebración a rabiar por un empate contra una de las peores versiones de Argentina, cuando debió haber sido victoria. Luego llega Bolivia totalmente desmoralizado y desmantelado por el revés sufrido contra Costa Rica, por supuesto, el tricolor saca la "garra" y los que sólo aparecen en estas circunstancias, hacen de las suyas. Por poco y fiesta nacional. Los medios se llenan la boca hablando del técnico culebrero, el sistema, los jugadores, el mejor de la primera fase, bla, bla, bla.